INAH 2011

Me encuentro sentado sobre el bordo de un estanque artifical, el cual tiene islotes de tierra con bambú y alguna que otra basura de productos alimenticios. Observo la inscripción "Grupos indígenas del sur mexicano". Repitiendo cada una de las palabras que componen la oración, imagino como debió ser la vida de esos pueblos, el cómo se pueden mirar así mismos e inclusive si se han hecho las mismas preguntas que han brotado de mi mente. El letrero se encuentra presente en una entrada, justo arriba de aquel que emana satisfacción "baños"; con puertas de vidrio grueso, calculo que al menos 2cm y al menos 2 m de altura dan la bienvenida a unas de las tantas exposiciones que pueden apreciarse. Tengo el deseo, por pequeño que pueda parecer, que apareciera un pez, uno de esos que minutos antes pude ver a lo lejos como complacian a los niños. Más arriba, otros letreros semejantes como el que repito para mí y para los peces. Se hace de noche.


En un instante me doy cuenta que no me encuentro sólo, los visitantes empiezan a reagruparse para poner fin a aquella aventura que emprendieron, quizá de forma deliverada o quizá de imprevisto, pero al final todos nos hallamos ahí. Recibo una llamada, es mi colega, pregunta por mi ubicación, nos miramos en extremos distantes en la misma arista del estanque y con un gesto colgamos al mismo tiempo. Me siento estúpido por hacer uso de un localizador en una zona pequeña y nada compleja.


La entrada es como una gran compuerta, puede hacernos la mala jugada de regresarnos a la realidad llena de desperfectos o también puede significar el regreso a casa. Como quiera que sea, regresamos aquí y ahora.




La entrada es como una gran compuerta, puede hacernos la mala jugada de regresarnos a la realidad llena de desperfectos o también puede significar el regreso a casa. Como quiera que sea, regresamos aquí y ahora.




Hay muchas cosas que me gustaría relatar, me resulta difícil ordenar mis ideas, inclusive no sé por dónde empezar. Veamos, ¿si lo abordamos en orden cronológico? podría ser, así que vamos a intentarlo. No quiero perderme en detalles superfluos ni tampoco dar una crónica árida de intención o abandonarme a la crónica sin un objeto de reflexión.




Un recibidor elegante, contrastante con algunas mantas rojas y blancas, las cuales cargan con el pesado labor de una protesta por acuerdos benéfico para aquellos que se ganan la vida con la actividad del museo. Pueden leerse consignas como "No a los indocumentados" ó "contrataciones con papeles que así lo demuestren" y algunas otras más. Imágenes a escala, fuentes que invitan a los novios a sentarse y disfrutar de una tarde de sábado; una tarde que sabe que le quedan pocas horas de vida. El personal de seguridad, hace gala de la tecnología anti-bombas y aparatos sofisticados que evitan la intrusión de objetos dañinos con fines maléficos. Vacío mis bolsas del pantalón sobre una canastilla pequeña y de color rosa que el oficial me extiende a la voz de "Celulares, llaves y monedas aquí por favor!". Noto un tono frió y monótono, seguramente el mismo que utiliza sin distinción para cualquier persona que pretende cruzar esa puerta. Mis bolsas contienen solo dos objetos de los tres que me han sido enlistados, además poseo un chicle, una basura de algún otro dulce y la nota de compra de un libro. Una vez dentro todo es confuso; encima de la gran entrada una frase de Jaime Torres Bodet, la cual está dispuesta de tal forma que los visitantes que se van puedan observarla e invisible para los que accedemos por primera vez, sin duda, uno de sus aforismos más famosos. Me llama la atención la tienda destinada para que los visitantes se lleven una pequeña parte del museo; en todos lados es lo mismo, cuantiosos objetos que no pueden valer ni siquiera la mitad, pero que nos brindan una inmensurable pertenencia al mundo que acabamos de visitar y deja rastro de que alguna vez existimos.


Asomarse a una serie de mundos, muchos mundos como dice "el sup", da una sensación extraña y fácilmente confundible con algo denominado "felicidad". Existen al rededor de 9 salas, de las cuales tuve la oportunidad de visitar al menos la mitad, debido a la cantidad de información que es ofrecida, además de los objetos, y sus particularidades por supuesto, que es posible admirar todo tipo de personas que se dan cita.














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