Metempsicosis de las palabras.

Porque la escritura también fue hecha para aquellos que necesitamos expiar el alma, los eventos cotidianos, por insoportables o leves que parezcan; los amores, y por qué no, los desamores. 

Todos los días pienso en las palabras que me han dicho múltiples personas, las vuelvo a meter en mi cabeza e intento mirarlas con un lente distinto. La conclusión es única, monolítica, y sólo resuelvo dilatar lo que probablemente ya sé. Es hermoso pensar que la conclusión en un momento se transformará, dejará de pertenecer a su naturaleza y dará cabida a una nueva.

Hace tiempo soñé con la escritura, creí tocarla con las yemas de los dedos, me lamí los bigotes por el sendero que recorrería y por los elogios que pensé leer. Hoy no son nada, ni siquiera pedazos de pasado que atestiguan mi paso por este u otro año. No hay obra, y escritor sin obra, por antonomasia, es un fracasado.

Hoy renuncio a todos aquellos impulsos que me hicieron creer que tenía una voz, y que esa voz poseía un lenguaje,  y que dentro de ese lenguaje había algo que contar. Hoy no lo creo así, apenas articulo frases, las necesarias para subsistir en este pesado mundo, que como un hoyo negro, traga y desintegra todo lo que toca, más temprano que tarde.

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