Carta a Pablo Bello

Querido Pablo, espero que te encuentres mejor cada día. Yo sé que es difícil, mucho, el haberte dejado inconcluso y en medio de indefiniciones que pondrían en peligro cualquier sanidad mental. No es un pretexto, como los otros que te he dado, y que algunos fueron medias verdades, el trabajo y la situación del país me tienen ocupado. Al amanecer me tiendo a leer en el sofá las primeras notas del periódico, ya no en papel como se hacía antes, sino en un smartphone que nunca te conté que adquirí. Luego me baño y sin desayunar me aventuro hasta las oficinas, que para acabarla de chingar son de gobierno. El trabajo me absorbe, desde hace un año trabajo con canallas que me miran como el ganadero a sus reses, no saben nada de los conceptos de tiempo y calidad de vida para “el otro”, mucho menos, conocen de razones andando en la cobradera. Ya me confundí con la canción, pero lo importante es que tú me entiendas. Algunas veces, cuando la noche me invita a no cerrar los ojos, enciendo mi computadora para buscarte, las dudas del día y los conceptos de las palabras olvidadas me impiden encontrarte.  El reloj, fatigado, me dice que te has ido hace algunas horas y que no piensas volver antes de medio día. Todas las tardes pienso en ti y en el atolladero en el que te abandoné, confío en tu paciencia reptiliana para saber que un día, no sé cuándo, nos volveremos a ver las barbas. Mientras te escribo estas palabras de aliento, me guardo unas para mí mismo, porque me hacen mucha falta, espero me perdones por esa tacañería.

Atentamente: Arturo Belano.


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