De la finitud (último libro de Günter Grass)

El día de ayer me di la oportunidad de leer el libro póstumo de un escritor formidable. No es lo primero que leo de él, conozco la sensatez y el sentido del humor cáustico que caracteriza a Grass. Esta vez fue su despedida. Su voz me llegó desde el más allá (aunque estoy seguro que no fue de tan allá, porque él mismo no creía en esos parajes lejanos). El corazón se me estrujó con las declaraciones de su pronta expiración. El recuento de algunos años de su juventud, como si fueran los recuerdos que más atesorara y los únicos que valían la pena tener en el momento de morir, se transformaron en vesos e ilustraciones.

Me da gusto saber que ese ser humano se fue con total lucidez a la tumba como si de comprar una casa se tratara o planear sus próximas vacaciones. Hizo un pacto con la huesuda para que las cosas sucedieran en determinado momento.

Sus versos me dan alegría, saber que de viejo las personas aceptamos y vemos la muerte de otra manera, quizá la satisfacción de tener una vida detrás de nosotros nos permite abandonar la terrenalidad sin mayor complicación que los últimos arreglos, donde nuestros restos descansarán. Una tésis interesante, ¿Cómo es que alguien se predispone a morir? ¿está cansado y algo le dice que es tiempo de arreglar la partida?

Nos quedamos con sus últimos escarnios a la vida cibernetica, a los usos y excesos de la clase política, sin importar la nacionalidad; lo imbéciles que a veces somos en desperdiciar el tiempo en pequeñas pantallas o con las simples anécdotas que derramó sobre su Olivetti.

Su diente, sus féretro robado y recuperado de la misma misteriosa manera. Su colección de ranas y esa afición por atacar demasiado la pipa con tabaco. Ahora solo queda en el imaginario y las estanterias de libros.

No te olvideramos, viejo socarrón. 





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