De palabras ardientes y sueños rebeldes: la insurrección indígena Por Luis Martínez Andrade[1] El 1 de enero de 1994, en el sureste mexicano, un grupo de indígenas –de rostro cubierto con pasamontañas y fusiles rústicos en mano– desafiaba al gobierno y al ejército de México. Sus demandas eran: tierra, trabajo, techo, alimentación, salud, educación, libertad, independencia, democracia y justicia paras las 56 etnias de la república. La noticia de un levantamiento popular en el rincón más pobre del país caía como un balde de agua fría tanto en la clase política como en las élites empresariales, pues por aquellos días, la nota que acaparaba los titulares de los principales medios era la tan mentada entrada de México en “la modernidad” a través de la firma del Tratado de Libre Comercio. Además de expresar una relación asimétrica entre dos de los países que forman parte del G-8 y su homólogo mexicano, dicho tratado tenía como objetivo la consolidación del modelo neoliberal. Por ell...
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