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Detener el mundo aunque sea por unos minutos.

Los sistemas de gratificación inmediata están en todos lados. A decir verdad, cargamos con ellos e incluso invertimos buena parte de nuestro salario en adquirir esos anunciantes omnipresentes. Claro, le llamamos tecnología y movilidad. ¿Cuánto gastas en aplicaciones de música o delivery que prometen arribar en los siguientes 15 minutos? Ya no compramos solo un artículo, sino el tiempo (breve) que esté tarda en llegar a nuestras manos. Y luego el siguiente. Como decía, la gratificación está transformando nuestra percepción del tiempo, disminuyendo nuestra tolerancia para la espera, y por ende, reconfigurando el vínculo de fracaso-tiempo . ¿Cuántas veces no nos hemos irritado por las horas o minutos que tarda el repartidor en llegar mientras lo miramos en la app ? El aburrimiento tiene una connotación negativa, o sea indeseable; no soportamos levantar los ojos y mirar al mundo tal y cómo es. Preferible esa descarga de dopaminas que me produce encontrar un video que aparente ser ocasion...
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Sigo Vivo

​Vengo con algunos relatos breves de ficción que iré tirando por aquí. Es un placer para mi después de haber trabajado tanto en conseguir arañar un poco del oficio de escribir . El camino es largo, pero no por ello menos divertido.  Después pretendo hacer una recopilación de 12 microcuentos que considero relevantes para cualquier persona con la intención de pasar un buen rato. En el mundo editorial les llaman antologías . 

Un blog difícil de liquidar

 Siempre regreso a este espacio, a pesar que me esfuerzo por mudarme a distintos lados. No me gusta depender de un servicio que en cualquier momento puede cerrar, terminando con todos lo compartido. Con todos los momentos.  Sin embargo, Blogger sigue aquí, abandonado pero funcionando como los autos antiguos; con apenas algo.  En una de esas me dedico a reanimarlo y continuar la historia de vida en este espacio.

¿Estás lista para vivir sin mi?

 A quien corresponda, Quiero que sepas que después de deliberar tantas horas con mis libros, mezcal y amor propio; me veo en la penosa necesidad de ponerte un adiós de por medio. No es que yo quiera, aclaro nuevamente, pero es preciso hacerlo. El consejo de esas voces que todos tenemos por nacimiento, cada día me martillan con sus “recomendaciones”, cual auditores de mi fuero interno, para que haga lo que dicta la moral en turno. Acuden a postulados caducos de amor al interior del individuo, charlatanería astral y no se cuanto más para alejar la cobardía de mis acciones. Si te preguntas porqué no vigilo más tu balcón, date por entereda. Si en su momento no me miras firme en mi torre al pasar en tu auto, date por enterada. Si no acude mi mirada a la tuya al encontrarnos en los pasillos, date por enterada. Si no me sorprendes buscandote en mi teléfono, date por enterada. Si ya no hay pretexto alguno para escribirte, date por enterada. — Mentir bien, para vivir mejor.

Espero Curarme de ti

 Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad. ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra  y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras de amor están entre dos gentes que no se dicen nada. Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: “qué calor hace”, “dame agua”, “¿sabes manejar?”, “se hizo de noche”. Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho “ya es tarde”, y tú sabías que decía “te quiero”). Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acari...

¿Qué tanto debo aprender?

Es una pregunta que tiene tiempo dándome vueltas en la cabeza y que más de una vez me ha retardado el sueño. Sé que no hay una única respuesta y que después de darle algunas vueltas en Quora y Reddit, todos llegan a esa misma conclusión: depende de cada quién. Yo creo que tenemos una sobrevaloración para el asunto de aprender. Pensamos que estar aprendiendo todo el tiempo es lo más benéfico que nos puede suceder, pero no creo que sea de esa manera. Aprender tiene ciertas características y momentos. Si nos lanzamos salvajemente a al proceso, en un punto cercano se nos regresará con la misma intensidad pero negativamente, y eso, está muy lejos de la intención de aprender. En resumen, como mi abuela decía: poquito pero que sea verdad. Para que el aprendizaje se convierta en conocimiento primero debe haber una emoción que la etiquete en el almacenamiento de nuestro cerebro, posteriormente, habrá un recableado en y, por último, su continuo llamado a lo largo de la vida. El asunto es que si...

Chole

Llego a mi casa, toco soledad me abre solícita la puerta me hace pasar, me sirve la comida me enciende la televisión, me tiende la cama me desviste y me hace el amor soledad me sigue a todas partes cuando estamos juntos hasta me acompaña cuando voy al excusado y me lee poemas de pavese o me cuenta historias de otras épocas mientras contraigo placenteramente el ano y saco volutas de humo por la boca ella se siente feliz de que la deje hacer ¡la muy servil! con frecuencia me sirve de alcahueta / ciertas noches llega acompañada de alguna íntima conocida suya nos presenta, nos deja conversar, se aisla discretamente y cuando ya resulta inoportuna su presencia opta por alejarse, diciendo groserías entre dientes echándonos en cara todos sus sacrificios y se queda escuchando detrás de la puerta, esperando a que todo vuelva a la normalidad pasado un rato entra ya más entusiasmada, prende la luz y nos sorprende abrazados, desnudos aún y sin aliento para echarla fuera y reclamarle su falta de ...