El día de ayer me di la oportunidad de leer el libro póstumo de un escritor formidable. No es lo primero que leo de él, conozco la sensatez y el sentido del humor cáustico que caracteriza a Grass. Esta vez fue su despedida. Su voz me llegó desde el más allá (aunque estoy seguro que no fue de tan allá, porque él mismo no creía en esos parajes lejanos). El corazón se me estrujó con las declaraciones de su pronta expiración. El recuento de algunos años de su juventud, como si fueran los recuerdos que más atesorara y los únicos que valían la pena tener en el momento de morir, se transformaron en vesos e ilustraciones. Me da gusto saber que ese ser humano se fue con total lucidez a la tumba como si de comprar una casa se tratara o planear sus próximas vacaciones. Hizo un pacto con la huesuda para que las cosas sucedieran en determinado momento. Sus versos me dan alegría, saber que de viejo las personas aceptamos y vemos la muerte de otra manera, quizá la satisfacción de tener una v...
Un lugar para disfrutar de las incongruencias de las ideas