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Mostrando las entradas etiquetadas como microrrelato

Exequias para un ateo.

Desde muy niño siempre quise morirme. Pero no sin cierto drama. Esta afirmación no proviene de un punzante dolor por la existencia, sino por el simple hecho de ver llorar a mis papás. Su condición de prácticos, los mejores tomadores de decisiones, me llevaron a inventarme varias escenas que terminaban con mis exequias. No es precisamente un castigo por una infancia desastrosa o alguna venganza mal lograda. Me intriga qué tipo de entierro podrían darme, a sabiendas que si algo es notorio en su día a día es la ausencia de creencias supraterrenales. Quizá buscarían salir del paso con un entierro cristiano, puesto que los cajones se venden por todos lados, además hay sacerdotes, literalmente, en franca abundancia. Complicaría la situación si optaran por elegir mis inclinaciones espirituales. A los 4 años dejé de creer que los pollos que morían en la granja de mis padres tenían asegurado un lugar con el Creador. De una vez y para siempre la religión se despidió de mi sin dar trazos ...

Como todos los días.

A la ducha le grito las razones por las que debo dejarte. Cada gota, y detrás de ésta, me enerva hasta aniquilar todas y cada una de las palabras. Por momentos quisiera tenerte ahí en frente, dibujada sobre las baldosas con asomos de moho y decirte todo de una buena vez. Me enjabono y enjuago, recapitulo todas y cada una de las ofensas que me has hecho. Con espuma en la boca, te espeto lo ridícula que eres y lo mucho que necesitas para derribar a este gigante autoproclamado. Con el rastrillo en la mano, te amenazo cual arma, la viva imagen de las razones recién enunciadas. A veces soy complaciente y entiendo tu condición de mujer joven, algunas otras, tu poca madurez y tu mucha saña contra los hombres que te rodean. Te desprecio como a ninguna, y sin embargo, no dejo de estar disponible para ti en cualquier momento que tú lo decidas. Así es la vida y así son las lagunas emocionales. El psicólogo me dijo al respecto " son tendencias suicidas y claros rasgos de dependecia ...

Primer final

Los siguientes párrafos son un borrador de un texto que estoy escribiendo. A modo de experimento, lo libero para releerlo algunas veces más, antes de decidirme por él, como una constatación de la claridad de la narrativa que busco. Del Después El reloj casi anunciaba las 3 de la tarde, los parroquianos conversaban con voces apenas perceptibles que se interrumpían con el repiqueteo de las campanas al salir o al entrar de los clientes. Yo esperaba a Elizabeth en la mesa de siempre, con el mismo café americano que todos los meseros conocían, y que sólo por mero mecanicismo, y a efectos administrativos, anotaban en sus comandas. La noche anterior Elizabeth me llamó. Una anomalía en su voz me vaticinaba la tempestad. Su tono melifluo y reservado escondía la cólera kamikaze, la boca del abismo al que se encaminaba y me arrastraría inexorablemente sin que mi voluntad presentara batalla. Así eran las cosas entre ella y yo, entre ella y todos. — Hola — Dijo ella, sentándose frente ...

Pablo Bello

Durante las primeras lluvias del verano, el calor se instalaba en las moradas del país, avisando que los próximos días serían los más calurosos del año. Los campos áridos pedían a gritos sombra para sus resecas grietas, mientras los campesinos rogaban al cielo por las aguas que revivieran las ajadas cosechas y el cadavérico ganado. Los habitantes de la ciudad se guarecían a la sombra de sus hogares, evitando a toda costa poner un pie en las calles. Los perros callejeros bostezaban una y otra vez, asomando una lengua rosada entre sus colmillos, señal del sopor que pesaba sobre su talante. En un camastro herrumbroso, casi sin color que sobreviviera a sus mejores años, se repatingaba Pablo, un hombre longevo y de aspecto taciturno aficionado a mirar al infinito. Permanecía inmóvil durante horas, abrazando su propia existencia entre pequeñas inhalaciones de nicotina y volutas que el viento recogía en segundos. Fumar era lo único que no cambiaba a través de los años, desde su juventud co...

La bicicleta de mi padre

Aún no amanece, son apenas las cuatro de la mañana y la avenida está abandonada, no hay una sola alma que la transite. A lo lejos, por breves momentos, se asoman los faros de vehículos que se siguen de largo. Mientras conduzco, tengo la manía de nunca apagar la radio, me aterra la sensación de estar en un lugar sin el calor de una voz humana. La misma canción se ha reproducido por lo menos en diez ocasiones, eso quiere decir que: si una canción dura cuatro minutos, he estado en el volante, por lo menos, cuarenta. Ya casi llego a mi hogar. Salgo de la avenido por la izquierda para incorporarme a una calle, me acerco sin reparar en los espejos laterales. Giro a la derecha, y justo en ese momento, un impacto sacude mi coche. Fierros golpeándose entre si, produciendo sonido hueco. El volante vibra apenas perceptiblemente, mis sentidos se agudizan en automático. No entiendo que pasa, una coladera sin protección o un bache, de todas maneras me bajo a cerciorarme que todo está bien. Al a...

Venus, un sueño erótico

Con palabras pretendo tocarte, en ausencia de mis manos y dedos. Quiero que estas mismas se escurran por cada vertebra de tu delicada espalda, palmando, tocando, descubriendo parajes distantes. No importan las 10 horas de distancia, no importa tu calidad de diosa en la tierra, de Venus. Como simple mortal, pretendo tocarte hasta la imaginación y servir como aliciente de tus sueños. Mi Venus. Mi Venus hecha mujer. Eres como la divinidad convertida en materia. Las mismas palabras se pierden en tus muslos, se duermen en esa vorágine que son tus caderas, se levantan nuevamente para reptar hasta tus pechos enhiestos que prometen la vida, y por si fuera poco, la muerte. Quiero hacer lo que pocos letrados han hecho, hacerte mía desde este escrito. Te pertenece, es tuyo, más que mío. 

Tragos carmesí.

La noche se compone de motores yendo y viniendo, la vigilia se conforma de música y ruido, y entre ambas, un momento en la vida se consume para extinguirse casi enseguida. Los parroquianos apenas se pueden oír entre murmullos que parecieran propios de la decoración, risas y gritos anuncian que es una buena noche. Ya el estado etílico se asoma en sus rostros. No sospecho que una voz, apenas perceptible, procede de una mujer que conocí por gracia de un amigo. Hoy la vuelvo a conocer, y otra vez, gracias a él. La improvisada invitación al bar me ha permitido deleitar las retinas con esos labios pletóricos de elixir carmesí, efigies de la sensualidad femenina. En medio de la penumbra, nos reconocimos, aunque debo decir que primero lo hice yo. Para ella, fue el acertijo de su mente y el tiempo: ¿Dónde lo he visto antes?, para mi fue: Se parece a... Siento como el alcohol se diluye en mi sangre, o dicho cinicamente, como la sangre se diluye en el alcohol. Todo parte desde la perspec...

Muerte Crónica

El espectro de Geronimo vino y se sentó a mi lado, apoyando sus manos entre las piernas, calentándolas de un frío que se había adelantado a llegar. Me miró con ojos de súplica, implorando porque mitigara el sufrimiento que le acobardaba. Reconocí en su mirada todos los sentimientos que alguna vez desfilaron por esos ojos esmirriados, no obstante, faltaba la emoción más elemental. Intenté entablar una conversación sencilla, sin incitar a la reflexión, sin embargo, se negó esgrimiendo un silencio sepulcral imposible de franquear. De vez en cuando se palpaba las rodillas, bajaba los ojos asegurándose que ambas piernas siguieran ahí, inmóviles de todo impulso. Acto seguido, se levantaba y deambulaba entre los muebles, sorteándolos como si navegara en aguas que el mapa de su memoria reconociera. De sus labios pendía un cigarro interminable que inhalaba con fruición sin dejar escapar volutas. Los fantasmas no necesitan dejar escapar de sus pulmones el humo de la ...

Esta noche no es de versos ni melancolías.

El reloj me dice que es tarde; mientras tanto, mis dedos solo saben una cosa, quieren escribir toda la noche, a costa que los ojos, molestos por falta de sueño, los señalen y acusen con severa mirada. Ansiosos son los dedos, indisciplinados en este nuevo teclado, que confunde un poco sus huellas y sus antiguos teclazos. La noche me seduce, no pretende ser abandonada, de a poco, emana su esencia que inspira a las más lerdas y parcas mentes. Quiero escribir la novela que le faltó a Cortázar y que Bolaño se aproximó, sacarla de la chistera y de los libros que me rodean, pero eso sí, sin que el plagio acuda a mi ayuda o me aconseje venenosamente.  Esta noche no es de versos ni melancolías, es de párrafos y anécdotas que vierten las almas en el papel de ajenos. Bajo esta luna, testigo de incontables atracos a la razón, condeno a las intenciones, heréticas letras, a refugiarse bajo el caótico cobijo de la locura. Si han de ser olvidadas, que ardan en la otredad.

El presidente mono

Por allá de los años sesenta, los americanos enviaron un mono al espacio. La gente del mundo quedó atónita por el mono que era capaz de pilotar un artefacto con más botones, palancas y foquitos que la tecnología desarrollada para el Santo. La conquista del universo era algo trivial, más tarde que temprano tenía que suceder, pues para ello se pagaban tan elevados impuestos. El grueso de los ciudadanos, terrestres, pensaban en la imposibilidad del mono para hacer frente a las exigencias de un universo desconocido hasta entonces. Por varios años se pensó que ya nada procedente de este mundo, o de fueras, sorprendería al público, gustoso de los eventos morbosos que desafiaran su capacidad de asombro. Medio siglo después, el mundo se vio sacudió con otra noticia que involucraba  a otro de estos graciosos primates. Dentro de los márgenes del territorio mexicano, el partido tricolor había llevado a un mono a la presidencia.

Ciudad derruida.

Alguna vez me pare frente a ella, di algunos pasos vacilantes en su alcoba al tiempo que ella se escondía de sí misma tras el espejo. Desde su parapetado lugar me preguntó ¿Qué quieres? , como los granaderos suelen desperdigar a los manifestantes enardecidos. Aguardé mi respuesta, no porque la estuviera formulando o definiendo, sino para darle un tono teatral al asunto y que ameritara la misma fuerza de su pregunta. Imaginé que las luces de las velas me ayudaban, enmarcaban mi rostro y mi mirada, mis labios y mi nariz, mis brazos y mis piernas.  Me acerqué levantándome las mangas de la camisa con ligera tranquilidad, como si fuera a hacer un trabajo pesado; aspiré el humo del cigarro, sonreí  ladeando los labios para avisarle el tipo de respuesta que podía esperar de mí. Le di algunos segundos para que adivinara. Por fin respondí mientras me clavaba en sus ojos  Quiero perder. Incendié mi breve respuesta. Quiero Perderlo todo. Mi cordura, mi amor, mi lógica, m...

Las manías de una mujer que amaba el papel.

Antes de leer: este es un escrito que decido publicar en este momento, a sabiendas que es impreciso y sujeto a muchos errores, sin embargo, es un símbolo de las revisiones que debo hacer, a dos años de haberlo escrito. A ella la conocí pocos años atrás, cuando yo aún pertenecía al piso dos y la empresa era boyante con sus mercancías. Sus risos dorados se movían por todos los pasillos, atrayendo las miradas de los hombres. Su cuerpo no estaba sujeto a las leyes universales de la gravedad, su andar era algo parecido a flotar sobre la alfombra, ayudada por delgadas cuerdas invisibles que sostenían con delicia sus extremidades. Años después comprendí que en ella no existía el movimiento, o mejor dicho, el movimiento y ella nunca se reconciliaron, parecían ser ajenos, ciudadanos de patrias distintas. Para describir a aquella mujer no debo dejar pasar sus ojos. Su mirada contenía el universo, su historia y su futuro. Era la misma inmensidad contenida en piel. El cómo me...

Vivo en un solipsismo

Su placer es confundirme, es hacernos creer, a ti y a mi, que todo lo imposible puede ser real, las conjugaciones más falsas adquieren la verdad en su lengua, sus letras emiten sediciosas oraciones, perfectas en el amplio espectro de la invención. Se esconde en un incesante vaivén de pretensiones, mientras ella me encausa a su trampa mortal, su cama, yo me resisto a resistirme. Yo veo lo más profundo de los seres humanos, distingo lo inocuo de la esencia, me dijo mientras sus dedos gritaban, no hay verdad que no se me revele, ni mucho menos mentira que no haya sido dicha por mí... Me convence de sí misma, vivo en su solipsismo...