Hablar solos.


La contra portada dice:

«Tuve que hacerlo así. Tenía que fabricarte ese recuerdo»
Un viaje. Dos triángulos. Tres voces. Una vuelta de tuerca matriarcal a la road movie: padre e hijo salen a la carretera juntos, por primera y quizás última vez; mientras la madre toma la palabra y emprende por sí misma una segunda exploración, incluso más arriesgada.
Lito acaba de cumplir diez años y sueña con camiones. Mario está enfermo y tiene deudas con su memoria. Antes de que sea tarde, ambos inician un decisivo viaje en el que compartirán mucho más que tiempo y espacio. Acosada por la idea de la pérdida, Elena se sumerge en una catártica aventura capaz de desafiar sus límites morales. Adicta a la lectura, no dejará de toparse con su propia vida en los libros, o viceversa.
Alternando ternura y crudeza, Hablar solos se desplaza de la infancia a la perversión, de la familia al duelo. Una novela perturbadora que indaga en las relaciones entre Tánatos y Eros, planteando una pregunta de profundas consecuencias: ¿cómo afecta la enfermedad a nuestra forma de leer y de vivir el sexo?

Una novela de Andrés Neuman que saca lo mejor y lo peor de las personajes desde distintas ópticas. Por sentimientos y necesidades, los eventos devienen en formas abruptas, pero muy humanas. Las contradicciones no se hacen esperar , sin embargo, no hay culpables ni responsables, únicamente la condición humana es quien toma partido. 

Mario un enfermo terminal que repasa su vida con mondadientes. No hay nada más melancólico que el futuro. En su estado, tiene que aprender a aceptar que es el final, su cuerpo se lo espeta a cada momento, con cada respiro. Lo último que le queda es vivir en la memoria de su hijo, que sean buenos sus recuerdos y que al final haya cumplido como padre. 

Elena, un ser que entra y sale en lo cavernoso de la voluntad humana. Busca lastimar, ser lastimada, ante sí es la única forma de reconocerse. Le asusta. Vuelve. La debacle interna no acaba al igual que la exigua vida de Mario, su esposo. Trasciende aún después de la muerte de Mario. La literatura y el sexo, los pilares de su retorcido mundo. Nuestro mundo. Todos tenemos un mundo así.

A veces, para no sentir dolor necesitamos lastimar. A veces para saber amas, necesitamos traicionar. A veces para aceptar, tiene que NO haber otra salida.

Lito, la voz de la ingenuidad y de la credulidad. Sin maleaciones. Quizá el pegamento que sostiene la relación entre Mario y Elena. El culpable. La víctima.



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