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Las manías de una mujer que amaba el papel.

Antes de leer: este es un escrito que decido publicar en este momento, a sabiendas que es impreciso y sujeto a muchos errores, sin embargo, es un símbolo de las revisiones que debo hacer, a dos años de haberlo escrito. A ella la conocí pocos años atrás, cuando yo aún pertenecía al piso dos y la empresa era boyante con sus mercancías. Sus risos dorados se movían por todos los pasillos, atrayendo las miradas de los hombres. Su cuerpo no estaba sujeto a las leyes universales de la gravedad, su andar era algo parecido a flotar sobre la alfombra, ayudada por delgadas cuerdas invisibles que sostenían con delicia sus extremidades. Años después comprendí que en ella no existía el movimiento, o mejor dicho, el movimiento y ella nunca se reconciliaron, parecían ser ajenos, ciudadanos de patrias distintas. Para describir a aquella mujer no debo dejar pasar sus ojos. Su mirada contenía el universo, su historia y su futuro. Era la misma inmensidad contenida en piel. El cómo me...

Anoche

Anoche desperté con una frase en los labios. La dije, tres o cuatro veces a la ventana, como única testigo de mi declaratoria de ingenio y cómplice de tan embarazoso momento. Busqué en mi buro la Mokasine que meses atrás me regalaste, la encontré a la primera palmada no muy lejos de mí, como si estuviera en espera de repentinos asaltos de frases sinsentido. Precisé escribir, letra a letra, el significado y el cuerpo de la oración en alguna página en blanco, guarecerla y mantenerla a salvo de mi mala memoria, para evocarla en la mañana. Sería la frase que memorizaría de mi propia autoría y por la cual me sentiría orgulloso. Decidí, sin todavía despertar, que era mejor dejar aquella frase flotando en la noche, porque a ella, la noche, le pertenecía. Era su madre y yo su padre. Volví a dormir jurando que en la mañana podría recordar al pie de la letra cada sintagma. La olvidé, no he vuelto a saber más de la frase. Me quedó la sensación que en ese momento irrumpió, y que probabl...

Pirámides de sal

Pirámides de sal Una aleación inédita tomó cuerpo, Te reventó la sombra y se hizo luz Por adentro de ti. Parecía que mutabas o morías, Nadie se habría atrevido a decirlo: Eras una hembra convertida en cristal. Quise leer mis correos electrónicos, Descargué antiguos textos adjuntos, Viví la pornografía en esa pantalla Desplegada por tu cuerpo. La navegación me llevó a la saliva, Respiré ciclones que eran jadeos, Quise programar un tiempo en tránsito. Mi cuerpo iluminado se sentía a la deriva, Lo estremecieron tus vendavales. Era una nave atraída por pirámides de sal, Sembradas en el horizonte de tu piel. ~

Poema en blanco

Esta es una línea en blanco Engañando al poema. El poema cree existir Pues no puede leer su vacío. Si le prestaras tus ojos El poema miraría el espejo. Y le saldrían letras negras Para vivir su muerte. ~

Quemados vivos

— Tú Fuiste la primera — le susurró él desde entre sus piernas y acariciando con las páginas con sus dedos. — ¿En darte un libro? — Sí, uno nada más — Te daría muchos más — contestó ella con caricias en el pecho y le besó la nuca. — Sólo tengo un par de ojos. Somos viciosos, ¿Qué dirían los mortales si nos encuentran en nuestras reuniones clandestinas? Seguro habría fuego y condenados a muerte por herejía contra la paz mundial de las ideas — Nos quemarían como a los libros prohibidos — Sí, vivos, atados, espalda a espalda. Nos serían vetadas las palabras de último aliento — Te escribiría en la palma de la mano con mi dedo. Allí te daría mis letras, las mismas que me costarían la vida, para que las guardaras sólo tú. – Se hundieron en un beso profundo. Hicieron el amor.

Aullido de cisne

Mario Santiago Papasquiaro murió sin saber que sería publicado sin tener que él invertir su propio dinero. No por ego, ni por intento burgués de apoderarse de la cultura, sino como su último reducto por dar a conocer su obra. Su muy particular obra. Aullido de cisne es una compilación de algunos poemas que realizó en su paso por esta tierra, desconozco cómo es que fueron seleccionas y en qué periodos comprende. Mi punto de vista es que Mario nunca fue un poeta, sino un antipoeta, su intención era explotar, dinamitar, reventar la poesía desde los cimientos. Los efectos estéticos y las metáforas son cambiadas por lenguaje lumpen y caóticas líneas, particular puntuación y un bombardeo de frases inconexas (aparentemente). Quiero hacer énfasis en la puntuación, porque además de sugerir sus propios simbolismos, éstos cambian dependiendo del poema. Pueden ser una segunda voz, o parte del ambiente, como una aclaración necesaria para que los versos tomen su rumbo. Exu...

La vida sin memoria parece dulce.

La vida sin memoria parece dulce es el título del documental más extraño que haya mirado antes. Convergen dos películas caseras en sujetas a coincidencias que Kammerer puso tanto empeño en desenmarañar durante años. El ADN tiene un papel fundamental, al menos en los tópicos metafísicos (válido solo para esta descripción y este documental): la sangre llama a su misma sangre. Las proyecciones originales son de los años treinta en la ciudad de Zacatecas, sin embargo, el armado en una sola pieza y montado con un mono-lente corre a cargo de Iván Ávila (joven director mexicano). Dos personas totalmente distintas, y vidas igualmente disimiles, parecen atarse en un solo punto, la afición por la grabación de experiencias caseras con cámaras portátiles. Posteriormente, las coincidencias siguen sumándose  ahora con la estancia en un mismo lugar en el mismo día y la misma hora, grabando igualmente esas experiencias. El tercer y último punto es que son herma...