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Ensayistas, una constante de cambio

Las voces de los ensayistas solo deben ser oídas cuando tienen algo que decir, una frescura que cubra ese prisma de puntos de vista y entreguen al lector otra perspectiva. En  los periódicos leo los temas vigentes y que aún siguen siendo las mismas posiciones, repitiendo por docenas el debería , propio del subjuntivo. Cuando un ensayo radica en los supuestos e idóneos, como si los aludidos de pronto despertaran en conciencia, se vuelven infértiles para el terreno de las nuevas ideas, y mucho peor, se desgastan con el paso de los días.  ¿Qué otras maneras tienen las plumas para sumar a una tragedia y encausarlas todos los días? No puedo responder esa pregunta sin que me equivoque, puesto que las plumas solo funcionan cuando el lector está dispuesto a situarse en el mismo escritorio que el autor. El solo hecho de tomarse los minutos necesarios para leerlos, es una intención de comprender al otro. Pero, los cuadros de más abajo, embrutecidos por ingentes jornadas de trabajo ...

Dormir en tus ojos.

Hace unas semanas, aprovechando el natalicio 2014 de Jesús, te escribí el primer esbozo de lo que veía venir. No fue solo una pobre definición del arte, fue entregarte la tinta de mis letras, tinta que he forjado durante años esperando un día obsequiarlas. Vertí algunos garabatos sobre el papel con la seria intención de robarte una sonrisa. Este escrito, como ya adivinaste, acude a muchas licencias narrativas, y que no pueden ser entendidas en su estricto sentido, por ello, pido disculpas, es la única manera que conozco al escribir. No es una declaración de amor, por el simple hecho que son aburridas las  historias donde el bombear sangre y enamorarse parece ser una misma cosa. Algunas personas prefieren ser poco más materiales, regalan guayabas o chocolates para tener esa "atención"; yo te regalé un poema (robado, pero al final lo necesito mucho más que el poeta). Quiero que un día si encuentras de nuevo este incipiente escrito, recuerdes el presente, que para entonces ...

Manifiesto Tartufo

para Kristian, por su doble cara y justas traiciones. Toda ideología seria necesita un manifiesto, pilares donde sustentar las respuestas de los ávidos preguntones que no se conforman con tan solo creer. Esta no será la excepción. Al principio no supe como llamarla, puesto que estaba seguro que en el español debía de existir un término que la describiera de la manera más correcta y precisa. Eso de andar inventando definiciones no es correcto ni está destinado a los que apenas balbuceamos una lengua. Antes que prosigamos, lector, tengo que advertirlo que debería hacer una pausa en este momento y buscar un diccionario que pueda ayudarlo a conocer el correcto significado de lo que quiero decir. Tartufería es el arte de decir una cosa, pensar otra y hacer totalmente lo contrario. Hay reglas que rigen a un auténtico Tartufo, sin ellas, sería caótico y poco serio el formar parte de este tratado. Las convenciones internacionales que se han hecho al respecto, difieren en las ca...

Carta a Pablo Bello

Q uerido Pablo, espero que te encuentres mejor cada día. Yo sé que es difícil, mucho, el haberte dejado inconcluso y en medio de indefiniciones que pondrían en peligro cualquier sanidad mental. No es un pretexto, como los otros que te he dado, y que algunos fueron medias verdades, el trabajo y la situación del país me tienen ocupado. Al amanecer me tiendo a leer en el sofá las primeras notas del periódico, ya no en papel como se hacía antes, sino en un smartphone que nunca te conté que adquirí. Luego me baño y sin desayunar me aventuro hasta las oficinas, que para acabarla de chingar son de gobierno. El trabajo me absorbe, desde hace un año trabajo con canallas que me miran como el ganadero a sus reses, no saben nada de los conceptos de tiempo y calidad de vida para “el otro”, mucho menos, conocen de razones andando en la cobradera. Ya me confundí con la canción, pero lo importante es que tú me entiendas. Algunas veces, cuando la noche me invita a no cerrar los ojos, enciendo mi comp...

La soledad de las teclas nocturnas.

Las páginas en blanco no son solo el terror de los escritores, también lo son para aquellos que sueñan un día serlo. Es un tanto erótico el asunto, porque las teclas son acariciadas con ternura y con algo de rencor, tal y como se acaricia al amante que no se ama pero que se disfruta.  Los ruidos de la noche atestiguan cada teclazo, lo invitan a formar parte de algunos oídos que sin comprender muy bien qué son esos taz taz, se acostumbran rápido a ellos. A su existencia inexplicada. Es la soledad de las teclas nocturnas, en vilo, las que le dan un sentido a mi vida, las que impiden resignarme a comunicarme únicamente con máquinas o que seres vivos de escasa inteligencia. Me describen a cada letra que pobla la pantalla, yerma aún del genio que toda obra anuncia. En fin, es pasada la media noche y las letras de extraños me esperan.

Pablo Bello I

Durante las primeras lluvias del verano, el calor se instalaba en las moradas del país, avisando que los próximos días serían los más calurosos del año. Los campos áridos pedían a gritos sombra para sus resecas grietas, mientras los campesinos rogaban al cielo por las aguas que revivieran las ajadas cosechas y el cadavérico ganado. Los habitantes de la ciudad se guarecían a la sombra de sus hogares, evitando a toda costa poner un pie en las abrasivas calles. Los perros callejeros bostezaban una y otra vez, asomándose una lengua rosada entre sus colmillos, señal del sopor que pesaba sobre su talante. Sentado en un camastro castigado por los años, un hombre longevo y de aspecto taciturno, miraba  al infinito, como si sumara dos infinitos. El viejo permanecía inmóvil, abrazando su propia existencia entre pequeñas inhalaciones de nicotina, dejando escapar volutas que el viento recogía en segundos. Fumar era lo único que no cambiaba a través de los años, desde su juventud como guer...